La playa de Sonabia tenía un aspecto remozado. El antiguo sendero que llevaba a Liendo y Laredo estaba despejado de maleza. Aquí y allá se podían recoger moras sin ortigarte las piernas. El caballo que recordaba de años anteriores seguía relinchando, fiel, a mi paso. Ahora el camino daba un ligero rodeo y evitaba las dunas. Se conoce que los ecologistas habían hecho bien su trabajo durante el invierno.